Aprendé a tomar decisiones con claridad, hacer crecer tu dinero y construir tu libertad financiera desde el orden.
Trabajamos en definir sueldos, separando las finanzas personales del negocio, ajustamos precios y mejoramos la rentabilidad del negocio un 140%.
Logró generar hábitos financieros que le ayudaron a mejorar las finanzas de su negocio, ahorrar de manera regular, pagarse su sueldo y aumentar la rentabilidad en 22 puntos.
Ellos lograron:
- Separar las finanzas
- Pagarse un sueldo
- Incrementar su rentabilidad
- Ordenar el flujo de efectivo
- Planificar metas financieras a corto, mediano y largo plazo
- Empezar a invertir para sus objetivos
¡En sólo 45 días!
Trabajamos desde el comienzo para arrancar con las finanzas organizadas.
Definimos la reserva de dinero que separa cada mes para el pago de impuestos del trimestre.
Vas a dejar de improvisar con tu dinero y vas a tener una visión clara de lo que ganás, gastás y te podés pagar cada mes.
Vas a aprender a organizar tus cuentas para que dejes de mezclar todo y puedas tomar decisiones con datos concretos.
Gracias al método 1-a-1 vas a eliminar el caos financiero y empezar a actuar desde el orden y la seguridad.
Vamos a definir tu sueldo, tus metas de ahorro e inversión, y construir paso a paso tu estabilidad económica.
Vas a contar con plantillas listas para usar, seguimiento personalizado y hasta un asistente financiero con inteligencia artificial para ayudarte a interpretar tus números.
Más allá de los números, vas a sanar tu vínculo con el dinero y crear hábitos que te permitan vivir en paz, con libertad y propósito.
No siempre tuve claro que este iba a ser mi camino.
Soy contadora, asesora financiera y consultora estratégica. Estudié muchos años y, durante mucho tiempo, sentí que eso debía alcanzarme. Pero no alcanzaba. Tenía el conocimiento técnico, pero no el sentido.
Hace algunos años atravesé una crisis profunda con mi profesión. Sabía que no quería ser empleada, pero tampoco quería repetir el modelo tradicional de estudio contable. Y en ese mismo momento, en 2020, llegó la crisis del mundo.
Ahí entendí algo que cambió mi forma de ver mi profesión:
la educación financiera podía ser una herramienta real de libertad, si se trabajaba desde la vida y no solo desde los números.
Empecé a emprender, a crecer y a acompañar a otras personas. Vendí más, armé equipo, hice “lo que había que hacer”. Hasta que me encontré con una verdad incómoda: facturar más no significa crecer.
Una mala decisión de cash flow, sumada al contexto económico, me enseñó que sin flujo de efectivo no hay negocio que se sostenga, por más talento o esfuerzo que haya detrás. Ese aprendizaje marcó para siempre mi forma de trabajar.
Desde entonces, mi foco no es que las personas ganen más, sino que entiendan sus números, ordenen sus finanzas y tomen decisiones estratégicas con claridad y previsión.
Con el tiempo llegó otro aprendizaje igual de importante: el del cuerpo.
El crecimiento sin límites, la autoexigencia constante y el control absoluto también tienen un costo. Aprendí que liderar no es cargar y que un negocio sano no depende de una persona agotada, sino de estructura, estrategia y equipo.
Hoy acompaño a dueñas de negocios y profesionales a ordenar sus finanzas, separar lo personal de lo profesional, entender cuánto ganan realmente y decidir con criterio.
Trabajo con cercanía humana, pero con estructura profesional.
Sin improvisar, sin promesas vacías y sin fórmulas mágicas.
Porque aprendí que el verdadero crecimiento no es hacer más, sino diseñar mejor.